jueves, 5 de marzo de 2015

Fiebre amarilla



Datos fundamentales

  • La fiebre amarilla es una enfermedad vírica aguda, hemorrágica, transmitida por mosquitos infectados. El término "amarilla" alude a la ictericia que presentan algunos pacientes.
  • La mortalidad de los casos graves no tratados puede llegar al 50%.
  • Se calcula que cada año se producen en el mundo 200 000 casos de fiebre amarilla que causan unas 30 000 muertes con un 90% de ellas en África.
  • El virus es endémico en las zonas tropicales de África y América Latina, con una población de más de 900 millones de habitantes.
  • El número de casos de fiebre amarilla ha aumentado en los dos últimos decenios debido a la disminución de la inmunidad de la población, la deforestación, la urbanización, los movimientos de población y el cambio climático.
  • No hay tratamiento curativo para la fiebre amarilla. El tratamiento es sintomático y consiste en paliar los síntomas y mantener el bienestar del paciente.
  • La vacunación es la medida preventiva más importante contra la fiebre amarilla. La vacuna es segura, asequible, muy eficaz, y una sola dosis es suficiente para conferir inmunidad y protección de por vida, sin necesidad de dosis de recuerdo. La vacuna ofrece una inmunidad efectiva al 99% de las personas vacunadas en un plazo de 30 días.

Signos y síntomas

Una vez contraído el virus y pasado el periodo de incubación de 3 a 6 días, la infección puede cursar en una o dos fases. La primera, aguda, suele causar fiebre, mialgias con dolor de espalda intenso, cefaleas, escalofríos, pérdida de apetito y náuseas o vómitos. Posteriormente, la mayoría de los pacientes mejoran y los síntomas desaparecen en 3 o 4 días.
Sin embargo, el 15% de los pacientes entran a las 24 horas de la remisión inicial en una segunda fase, más tóxica. Vuelve la fiebre elevada y se ven afectados diferentes sistemas orgánicos. El paciente se vuelve ictérico rápidamente y se queja de dolor abdominal con vómitos. Puede haber hemorragias orales, nasales, oculares o gástricas, con sangre en los vómitos o las heces. La función renal se deteriora. La mitad de los pacientes que entran en la fase tóxica mueren en un plazo de 10 a 14 días, y los demás se recuperan sin lesiones orgánicas importantes.
El diagnóstico de la fiebre amarilla es difícil, sobre todo en las fases tempranas. Puede confundirse con el paludismo grave, el dengue hemorrágico, la leptospirosis, la hepatitis viral (especialmente las formas fulminantes de hepatitis B y D), otras fiebres hemorrágicas (la fiebre hemorrágica boliviana, argentina y venezolana y otros flavivirus como el virus del Oeste del Nilo, el virus Zika etc.) y otras enfermedades. Los análisis de sangre permiten detectar anticuerpos específicos frente al virus. También se utilizan otras técnicas para identificar el virus en las muestras de sangre o en el tejido hepático obtenido en la autopsia. Estas pruebas requieren personal de laboratorio con gran capacitación, y materiales y equipos especializados.

Poblaciones en riesgo

Hay 44 países endémicos en África y América Latina con un total de 900 millones de habitantes en riesgo. En África hay 31 países en riesgo, con una población estimada de 508 millones de habitantes. El resto de la población en riesgo se encuentra en 13 países latinoamericanos, entre los que destacan por su mayor riesgo Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador y Perú.
Según las estimaciones de la OMS de principios de los años noventa, cada año habría en el mundo 200 000 casos de fiebre amarilla, 30 000 de ellos mortales, y el 90% de ellos se producirían en África. En un análisis reciente de fuentes africanas de datos que deberán publicarse este año, las estimaciones fueron similares, pero con una carga ligeramente menor de 84 000 a 170 000 casos graves y 29 000 a 60 000 muertes en África para el año 2013. Sin vacunación, dicha carga sería mucho mayor.
En países libres de fiebre amarilla se produce un pequeño número de casos importados. Aunque nunca se han notificado casos en Asia, la región es una zona de riesgo porque existen las condiciones necesarias para la transmisión. En los últimos siglos (XVII a XIX), se registraron brotes de fiebre amarilla en América del Norte (Nueva York, Filadelfia, Charleston, Nueva Orleans, etc) y Europa (Irlanda, Inglaterra, Francia, Italia, España y Portugal).

Transmisión

El virus de la fiebre amarilla es un arbovirus del género Flavivirus y su vector principal son los mosquitos, que transmiten el virus de un huésped a otro, principalmente entre los monos, pero también del mono al hombre y de una persona a otra.
Hay varias especies diferentes de mosquitos Aedes y Haemogogus que transmiten el virus. Los mosquitos se crían cerca de las casas (domésticos), en el bosque (salvajes) o en ambos hábitats (semidomésticos). Hay tres tipos de ciclos de transmisión:
  • Fiebre amarilla selvática: En las selvas tropicales lluviosas la fiebre amarilla afecta a los monos, que son infectados por los mosquitos salvajes. A su vez, los monos transmiten el virus a otros mosquitos que se alimentan de su sangre, y los mosquitos infectados pueden picar a las personas que entren en la selva, produciendo casos ocasionales de fiebre amarilla. La mayoría de estas infecciones afectan a hombres jóvenes que trabajan en la selva (por ejemplo, leñadores).
  • Fiebre amarilla intermedia: En las zonas húmedas o semihúmedas de África se producen epidemias a pequeña escala. Los mosquitos semidomésticos (que se crían en la selva y cerca de las casas) infectan tanto a los monos como al hombre. El aumento de los contactos entre las personas y los mosquitos infectados conducen a la transmisión. Puede haber casos simultáneamente en muchos pueblos distintos de una zona. Este es el tipo de brote más frecuente en África, y puede convertirse en una epidemia más grave si la infección es llevada hacia una zona poblada donde haya mosquitos domésticos y personas no vacunadas.
  • Fiebre amarilla urbana: Cuando las personas infectadas introducen el virus en zonas con gran densidad de población y un gran número de mosquitos Aedes y de personas no inmunes se producen grandes epidemias. Los mosquitos infectados transmiten el virus de una persona a otra.

Tratamiento

No hay tratamiento específico para la fiebre amarilla. Solo se pueden instaurar medidas de sostén para combatir la fiebre y la deshidratación. Las infecciones bacterianas asociadas pueden tratarse con antibióticos. Las medidas de sostén pueden mejorar el desenlace de los casos graves, pero raramente están disponibles en las zonas más pobres.

Prevención

1. Vacunación
La vacunación es la medida más importante para prevenir la fiebre amarilla. Para prevenir las epidemias en zonas de alto riesgo con baja cobertura vacunal es fundamental que los brotes se identifiquen y controlen rápidamente mediante la inmunización. Para prevenir los brotes en las regiones afectadas, la cobertura vacunal debe ser como mínimo de un 60% a 80% de la población en riesgo. En África, son pocos los países endémicos que tienen en la actualidad este nivel de cobertura.
La vacunación preventiva puede realizarse mediante la inmunización sistemática en la infancia o campañas masivas únicas con el fin de aumentar la cobertura vacunal en los países en riesgo, y también mediante la vacunación de quienes viajen a zonas donde la enfermedad es endémica. La OMS recomienda vivamente la vacunación sistemática de los niños en las zonas de riesgo.
La vacuna contra la fiebre amarilla es segura y asequible, y proporciona una inmunidad efectiva contra la enfermedad al 80-100% de los vacunados al cabo de 10 días, y una inmunidad del 99% al cabo de 30 días. Una sola dosis es suficiente para conferir inmunidad y protección de por vida, sin necesidad de dosis de recuerdo. Los efectos colaterales graves son extremadamente raros, y se han descrito en viajeros vacunados y en algunas zonas endémicas (por ejemplo, en Australia, Brasil, Estados Unidos de América, Perú y Togo). Los científicos están investigando por qué ocurre esto.
Con respecto al uso de la vacuna en mayores de 60 años, cabe señalar que el riesgo de enfermedad viscerotrópica asociada a la vacuna es mayor en este grupo de edad que en personas más jóvenes, aunque sigue siendo bajo. En los mayores de 60 años no vacunados con anterioridad y en los que esté recomendada la vacunación, esta solo debe realizarse después de una cuidadosa evaluación de los riesgos y los beneficios en la que se compare el riesgo de contraer la enfermedad con el riesgo de acontecimientos adversos graves tras la inmunización.
El riesgo de muerte por fiebre amarilla es muy superior a los riesgos relacionados con la vacunación. Las personas que no deben vacunarse son:
  • los menores de 9 meses (o los niños de 6-9 meses durante las epidemias, situación en la que el riesgo de enfermedad es mayor que el de efectos adversos de la vacuna);
  • las embarazadas, excepto durante los brotes de fiebre amarilla, cuando el riesgo de infección es alto;
  • las personas con alergia grave a las proteínas del huevo, y
  • las personas con trastornos del timo o inmunodeficiencias graves debidas a infección sintomática por VIH/SIDA u otras causas.
Los viajeros, en particular de África o América Latina con destino a Asia, deben tener un certificado de vacunación contra la fiebre amarilla. El Reglamento Sanitario Internacional estipula que los motivos médicos para no administrar la vacuna deben ser certificados por las autoridades competentes.
2. Control de los mosquitos
En algunas situaciones, el control de los mosquitos es fundamental hasta que la vacunación haga efecto. El riesgo de transmisión de la fiebre amarilla en zonas urbanas puede reducirse eliminando los potenciales criaderos de mosquitos y aplicando insecticidas al agua donde se desarrollan en sus estadios más tempranos. Combinada con las campañas de vacunación de emergencia, la fumigación con insecticidas para matar los mosquitos adultos puede reducir o detener la transmisión de la fiebre amarilla, "ganando tiempo" para que las poblaciones vacunadas adquieran la inmunidad.
Históricamente, las campañas de control de los mosquitos han tenido éxito en la eliminación de Aedis aegypti, el vector urbano de la fiebre amarilla en la mayoría de los países continentales de Centroamérica y Sudamérica. Sin embargo, los mosquitos de esta especie han recolonizado las zonas urbanas de la región y vuelven a suponer un riesgo de fiebre amarilla urbana.
Los programas de control de los mosquitos de zonas selváticas no son factibles para prevenir la transmisión de la fiebre amarilla selvática.

Alerta y respuesta ante epidemias

La detección rápida de la fiebre amarilla y la respuesta inmediata con campañas de vacunación de emergencia son esenciales para controlar los brotes. Sin embargo, la subnotificación es preocupante; se calcula que el verdadero número de casos puede ser hasta 250 veces mayor que el número de casos notificados en la actualidad.
La OMS recomienda que todos los países en riesgo dispongan al menos de un laboratorio nacional en el que se puedan realizar análisis de sangre básicos para detectar la fiebre amarilla. Un caso confirmado debe considerarse como brote en una población no vacunada, y debe ser investigado exhaustivamente en cualquier contexto, y en particular en zonas donde la mayoría de la población haya sido vacunada. Los equipos de investigación deben evaluar los brotes y responder a ellos con medidas de emergencia y con planes de inmunización a más largo plazo.

Respuesta de la OMS

La OMS desempeña las funciones de Secretaría del Grupo internacional de coordinación del suministro de vacunas para el control de la fiebre amarilla, que mantiene una reserva de emergencia de dichas vacunas para garantizar una respuesta rápida a los brotes en los países de alto riesgo.
La Iniciativa contra la Fiebre Amarilla, dirigida por la OMS y apoyada por el UNICEF y los gobiernos nacionales, es una estrategia de vacunación preventiva centrada especialmente en los países africanos más endémicos, donde la enfermedad es especialmente importante. La Iniciativa recomienda que se incluya la fiebre amarilla en los programas de vacunación infantil sistemática (a partir de los 9 meses), que en las zonas de alto riesgo se lleven a cabo campañas de vacunación en masa de todos los grupos de edad superior a 9 meses, y que se mantenga la capacidad de vigilancia y de respuesta a los brotes.
Entre 2007 y 2012 se han completado campañas de vacunación preventiva contra la fiebre amarilla en 12 países: Benin, Burkina Faso, Camerún, Côte d’Ivoire, Ghana, Guinea, Liberia, Malí, República Centroafricana, Senegal, Sierra Leona y Togo. La Iniciativa contra la Fiebre Amarilla cuenta con el apoyo financiero de la Alianza GAVI, la Oficina de Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea, los ministerios de salud y los asociados nacionales.
La Iniciativa contra la Fiebre Amarilla cuenta con el apoyo económico de la Alianza GAVI, la Oficina de Ayuda Humanitaria de la Unión Europea (ECHO), el Fondo Central para la Acción en Casos de Emergencia (CERF), los ministerios de salud y los asociados en los países.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Leishmaniasis

Es una enfermedad parasitaria oriunda de las selvas tropicales de América, también presente en Asia y África. Realmente la leishmaniasis representa un conjunto de enfermedades producidas por diferentes especies del parásito Leishmania, las cuales divididas desde el punto de vista médico se pueden definir como leishmaniasis superficiales que afectan principalmente piel y mucosas, y las leishmaniasis profundas que dañan órganos internos (hígado, bazo, médula ósea), ésta última también conocida como kala-azar que si no es tratado a tiempo puede causar la muerte.
En más detalle, las leishmaniasis se pueden dividir en tres grupos:
  • Leishmaniasis Cutánea (LC), se presenta en forma de nódulos en la superficie de la piel donde fue inoculado el parásito.
  • Leishmaniasis Mucocutánea (LMC), se presenta con ulceración y erosión del tejido blando y cartílago.
  • Leishmaniasis Visceral (LV), con invasión de órganos internos por parte del parásito.
Esta enfermedad representa un grave problema de salud pública, ya que al igual que la enfermedad de Chagas genera un alto índice de morbilidad y mortalidad en la población. Actualmente existen aproximadamente 12 millones de personas infectadas por Leishmaniasis a nivel mundial, sin embargo hay muchos casos que nunca son reportados. La leishmaniasis forma parte del grupo de enfermedades asociadas a la pobreza, principalmente porque los que la padecen viven en áreas remotas, pero además estas personas presentan un estigma social debido a que muchas veces sufren desfiguración del rostro o quedan con cicatrices muy notorias debido a las lesiones; por tanto las personas sufren un impacto psicológico permanente que los lleva a mantenerse ocultos. Esto significa que a veces aunque una leishmaniasis superficial no genere la muerte del paciente, básicamente genera su muerte social.
La desestimación del verdadero estado epidemiológico de la leishmaniasis hace que los esfuerzos para controlarla sean ineficientes; sin embargo, se siguen haciendo esfuerzos para ello principalmente en los países endémicos.
Se ha informado de casos de leishmaniasis en todos los continentes, a excepción de Australia y la Antártida. En los países de América, la leishmaniasis es una enfermedad endémica, y en Venezuela está ampliamente distribuida en zonas como los valles del sistema montañoso de la costa, depresión de Yaracuy, zonas boscosas de Túren, zonas boscosas de los llanos y los Andes, e inclusive en el sur del Orinoco. 

¿Cómo se contrae la Leishmaniasis?
El parasito protozoario es trasmitido por la picadura del mosquito simúlido o flebótomo, del género Phlebotomus o Lutzomyia. Estos insectos habitan zonas con cierta humedad, distribuyéndose en zonas donde la temperatura promedio es de 20 °C; y por lo general pican en cualquier área expuesta del cuerpo. La transmisión se da porque un mosquito simúlido pica a un mamífero infectado, y éste mosquito ahora infectado inocula los parásitos a un hospedero sano a través de la picada cuando intenta alimentarse de sangre.

¿Cuáles son los signos y síntomas de la Leishmaniasis?
Existen diferentes formas de leishmaniasis:
  • La leishmaniasis cutánea afecta la piel y las membranas mucosas. Las llagas en la piel por lo regular comienzan en el sitio de la picadura del flebótomo y pueden durar meses o años antes de sanar por sí solas. En unas pocas personas, las llagas se pueden desarrollar en las membranas mucosas generando ulceraciones que no siempre sanan por sí solas.
  • La leishmaniasis sistémica o visceral afecta el cuerpo entero y es una forma que se desarrolla de 2 a 8 meses después de que la persona es picada por el flebótomo. La mayoría de las personas no recuerdan haber tenido una llaga en la piel, ya que ésta no siempre se presenta. Esta forma si no es debidamente tratada puede llevar a complicaciones mortales. Los parásitos dañan el sistema inmunitario disminuyendo el número de células que combaten la enfermedad y de esta manera debilitando aún más al paciente.
La leishmaniasis cutánea afecta la piel y algunas veces las membranas mucosas. Sus síntomas son, entre otros:
  • Llagas en la piel que pueden volverse úlceras que sanan muy lentamente
  • Úlceras y desgaste (erosión) en la boca, la lengua, las encías, los labios, la nariz y el tabique nasal
  • Obstrucción nasal, rinorrea y hemorragia nasal
  • Dificultad para respirar
  • Dificultad para deglutir (tragar)
En los niños, la infección visceral y sistémica empieza generalmente de una manera súbita con vómitos, diarrea, fiebre y tos. Los adultos por lo general presentan una fiebre que dura de 2 semanas a 2 meses, acompañada de síntomas como fatiga, debilidad e inapetencia. La debilidad aumenta a medida que la enfermedad progresa y empeora.
Otros síntomas de la leishmaniasis visceral y sistémica pueden ser:
  • Molestia en el área ventral (abdominal)
  • Tos (en niños)
  • Diarrea (en niños)
  • Fiebre que dura semanas y que puede aparecer y desaparecer en ciclos
  • Sudores fríos
  • Piel escamosa, grisácea, oscura y pálida (Kala-azar significa fiebre negra)
  • Debilitamiento del cabello
  • Malestar abdominal vago
  • Vómitos (en niños)
  • Pérdida de peso

¿Cómo se diagnostica la Leishmaniasis?
Un examen físico puede mostrar signos de agrandamiento del bazo, del hígado y de los ganglios linfáticos. Información importante para orientar al médico hacia un diagnóstico acertado es saber si el paciente ha sido picado por flebótomos o mosquitos simúlidos, o si estuvo en un área donde se sabe que se presenta la leishmaniasis. Los exámenes que se pueden hacer para diagnosticar la afección abarcan:
  • Biopsia y cultivo del bazo
  • Cultivo y biopsia de médula ósea
  • Prueba de aglutinación directa
  • Prueba indirecta de anticuerpos inmunofluorescentes
  • Cultivo y biopsia de ganglios linfáticos
  • Prueba cutánea de Montenegro
  • Biopsia de piel
  • Detección de anticuerpos específicos en sangre por serodiagnóstico (ELISA)
Otros exámenes que se pueden realizar son:
  • Conteo sanguíneo completo
  • Niveles de inmunoglobulina en suero
  • Proteína en suero
  • Albúmina en suero
  • Pruebas serológicas
La Fundación Jacinto Convit ofrece un servicio de referencia al cual los patólogos pueden enviar sus láminas para consulta y segunda opinión. Igualmente, la Fundación estará ofreciendo un servicio de diagnóstico serológico y molecular, éste último permitirá establecer la especie parasitaria infectante, y así de esta manera poder ofrecer un tratamiento individualizado más efectivo.

¿Cómo se trata la Leishmaniasis?
Actualmente se encuentra disponible la inmunoterapia o vacuna, la cual ha probado igual efectividad que el tratamiento convencional pero minimizando los efectos tóxicos y con un costo mucho menor. Esta vacuna se administra actualmente en el Instituto de Biomedicina y en los servicios de Dermatología Sanitaria a lo largo del país. Igualmente su uso ha sido implementado en varios países de Sur y Centro America, en donde actualmente la Fundación lleva a cabo una serie de proyectos en comunidades aisladas y de escasos recursos.
Los principales medicamentos utilizados para tratar la leishmaniasis son los compuestos que contienen antimonio y abarcan:
  • Antimoniato de meglumina
  • Estibogluconato de sodio
Otros fármacos que se pueden utilizar son:
  • Anfotericina B
  • Fluconazol
  • Pentamidina

¿Qué debo hacer si creo que tengo Leishmaniasis?
Acude a tu médico. Si vives en el interior del país infórmate a través de este enlace (poner link al programa de dermatología sanitaria) donde queda el servicio de Dermatología Sanitaria mas próximo a tu localidad. Actualmente los servicios de Dermatología Sanitaria cuentan con el personal más calificado para asistirte.
A través de la consulta en línea prestamos servicio de asesoramiento a pacientes y facultativos en el uso de estas opciones terapéuticas alternativas para el tratamiento de cuadros clínicos recalcitrantes. Lo único que usted necesita es solicitar a su médico de cabecera o dermatólogo tratante que nos contacte a través de ese enlace y nosotros lo contactaremos a la brevedad posible.
La Fundación Jacinto Convit actualmente desarrolla líneas de investigación en esta área, que comprenden estudios de epidemiología molecular de los parásitos así como el desarrollo de nuevas alternativas terapéuticas para tratar la enfermedad. 


martes, 3 de marzo de 2015

Comer maní con frecuencia es bueno para el corazón, según estudio




Consumir maní o cacahuetes, aunque sea en pequeñas cantidades, ayuda a reducir la mortalidad causada por problemas cardiovasculares, según una extensa investigación publicada el lunes que confirma trabajos previos con resultados similares.
Los cacahuetes están vinculados a un descenso de la mortalidad general de entre 17 y 21% y una disminución de 23 a 38% de las defunciones por enfermedades cardiovasculares, según los investigadores del estudio publicado en la revista de la asociación médica estadounidense JAMA.
La investigación se basó en 70.000 individuos blancos y negros en Estados Unidos y 130.000 chinos en Shanghai. La mayoría de los participantes pertenecían a categorías socioeconómicas modestas.
"En nuestro estudio, hemos constatado que el consumo de cacahuetes coincidió con una disminución de la mortalidad en general especialmente a causa de enfermedades cardiovasculares en poblaciones negras y blancas estadounidenses, así como entre chinos de ambos sexos en Shanghai", señaló Hung Luu, un epidemiólogo de la facultad de medicina de la Universidad Vanderbilt y principal autor del trabajo.
Como este fruto seco es bastante menos costoso y más accesible que las nueces, alentar su consumo puede ser una manera económica de mejorar la salud cardiovascular de las poblaciones, explicó.
"Estos datos provienen de estudios epidemiológicos y no de pruebas clínicas controladas. Por esto, no podemos estar seguros de que el consumo de cacahuetes como tal comporte una reducción de la mortalidad", destacó no obstante William Blot, del centro de investigación sobre el cáncer de Vanderbilt y coautor del estudio.
Pero, añadió, "los resultados apoyan investigaciones anteriores que sugieren que los beneficios de comer cacahuetes son bastante alentadores".
El cacahuete (sin sal añadida) es rico en nutrientes y contiene ácidos grados no saturados, fibra, vitaminas y antioxidantes. (I)

Fiebre Chikungunya




Cifras y datos

  • La fiebre chikungunya es una enfermedad vírica transmitida al ser humano por mosquitos infectados. Además de fiebre y fuertes dolores articulares, produce otros síntomas, tales como dolores musculares, dolores de cabeza, náuseas, cansancio y erupciones cutáneas.
  • Algunos signos clínicos de esta enfermedad son iguales a los del dengue, con el que se puede confundir en zonas donde este es frecuente.
  • Como no tiene tratamiento curativo, el tratamiento se centra en el alivio de los síntomas.
  • Un factor de riesgo importante es la proximidad de las viviendas a lugares de cría de los mosquitos.
  • La enfermedad se da en África, Asia y el subcontinente indio. En los últimos decenios los vectores de la enfermedad se han propagado a Europa y las Américas. En 2007 se notificó por vez primera la transmisión de la enfermedad en Europa, en un brote localizado en el nordeste de Italia.

La fiebre chikungunya es una enfermedad vírica transmitida al ser humano por mosquitos. Se describió por primera vez durante un brote ocurrido en el sur de Tanzanía en 1952. Se trata de un virus ARN del género alfavirus, familia Togaviridae. “Chikungunya” es una voz del idioma Kimakonde que significa “doblarse”, en alusión al aspecto encorvado de los pacientes debido a los dolores articulares.

Signos y síntomas

La fiebre chikungunya se caracteriza por la aparición súbita de fiebre, generalmente acompañada de dolores articulares. Otros signos y síntomas frecuentes son: dolores musculares, dolores de cabeza, náuseas, cansancio y erupciones cutáneas. Los dolores articulares suelen ser muy debilitantes, pero generalmente desaparecen en pocos días.
La mayoría de los pacientes se recuperan completamente, pero en algunos casos los dolores articulares pueden durar varios meses, o incluso años. Se han descrito casos ocasionales con complicaciones oculares, neurológicas y cardiacas, y también con molestias gastrointestinales.
Las complicaciones graves no son frecuentes, pero en personas mayores la enfermedad puede contribuir a la muerte. A menudo los pacientes solo tienen síntomas leves y la infección puede pasar inadvertida o diagnosticarse erróneamente como dengue en zonas donde este es frecuente.

Transmisión

La fiebre chikungunya se ha detectado en casi 40 países de Asia, África, Europa y las Américas.
OMS

Chikungunya - áreas de riesgo

El virus se transmite de una persona a otras por la picadura de mosquitos hembra infectados. Generalmente los mosquitos implicados son Aedes aegypti Aedes albopictus dos especies que también pueden transmitir otros virus, entre ellos el del dengue. Estos mosquitos suelen picar durante todo el periodo diurno, aunque su actividad puede ser máxima al principio de la mañana y al final de la tarde. Ambas especies pican al aire libre, pero Ae. aegypti también puede hacerlo en ambientes interiores.
La enfermedad suele aparecer entre 4 y 8 días después de la picadura de un mosquito infectado, aunque el intervalo puede oscilar entre 2 y 12 días.

Diagnóstico

Para establecer el diagnóstico se pueden utilizar varios métodos. Las pruebas serológicas, como la inmunoadsorción enzimática (ELISA), pueden confirmar la presencia de anticuerpos IgM e IgG contra el virus chikungunya. Las mayores concentraciones de IgM se registran entre 3 y 5 semanas después de la aparición de la enfermedad, y persisten unos 2 meses.
Las muestras recogidas durante la primera semana tras la aparición de los síntomas deben analizarse con métodos serológicos y virológicos (RT-PCR). El virus puede aislarse en la sangre en los primeros días de la infección. Existen diversos métodos de reacción en cadena de la polimerasa con retrotranscriptasa (RT–PCR), pero su sensibilidad es variable. Algunos son idóneos para el diagnóstico clínico.
Los productos de RT–PCR de las muestras clínicas también pueden utilizarse en la genotipificación del virus, permitiendo comparar muestras de virus de diferentes procedencias geográficas.

Tratamiento

No existe ningún antivírico específico para tratar la fiebre chikungunya. El tratamiento consiste principalmente en aliviar los síntomas, entre ellos el dolor articular, con antipiréticos, analgésicos óptimos y líquidos. No hay comercializada ninguna vacuna contra el virus chikungunya.

Prevención y control

La proximidad de las viviendas a los lugares de cría de los mosquitos vectores es un importante factor de riesgo tanto para la fiebre chikungunya como para otras enfermedades transmitidas por las especies en cuestión. La prevención y el control se basan en gran medida en la reducción del número de depósitos de agua naturales y artificiales que puedan servir de criadero de los mosquitos.
Para ello es necesario movilizar a las comunidades afectadas. Durante los brotes se pueden aplicar insecticidas, sea por vaporización, para matar los moquitos en vuelo, o bien sobre las superficies de los depósitos o alrededor de éstos, donde se posan los mosquitos; también se pueden utilizar insecticidas para tratar el agua de los depósitos a fin de matar las larvas inmaduras.
Como protección durante los brotes se recomiendan llevar ropa que reduzca al mínimo la exposición de la piel a los vectores. También se pueden aplicar repelentes a la piel o a la ropa, respetando estrictamente las instrucciones de uso del producto. Los repelentes deben contener DEET (N, N-dietil-3-metilbenzamida), IR3535 (etiléster de ácido 3-[N-acetil-N-butil]-aminopropiónico) o icaridina (2-(2-hidroxietil)-1-metilpropiléster de ácido 1-piperidinocarboxílico).
Para quienes duerman durante el día, sobre todo los niños pequeños, los enfermos y los ancianos, los mosquiteros tratados con insecticidas proporcionan una buena protección. Las espirales insectífugas y los vaporizadores de insecticidas también pueden reducir las picaduras en ambientes interiores.
Las personas que viajen a zonas de riesgo deben adoptar precauciones básicas, como el uso de repelentes, pantalones largos y camisas de manga larga, o la instalación de mosquiteros en las ventanas.

Brotes

La enfermedad se da en África, Asia y el subcontinente indio. En África las infecciones humanas han sido relativamente escasas durante varios años, pero en 1999-2000 hubo un gran brote en la República Democrática del Congo, y en 2007 hubo un brote en Gabón.
En febrero de 2005 comenzó un importante brote en las islas del Océano Índico, con el cual se relacionaron numerosos casos importados en Europa, sobre todo en 2006 cuando la epidemia estaba en su apogeo en el Océano Índico. En 2006 y 2007 hubo un gran brote en la India, por el que también se vieron afectados otros países de Asia Sudoriental.
Desde 2005, la India, Indonesia, las Maldivas, Myanmar y Tailandia han notificado más de 1,9 millones de casos. En 2007 se notificó por vez primera la transmisión de la enfermedad en Europa, en un brote localizado en el nordeste de Italia en el que se registraron 197 casos, confirmándose así que los brotes transmitidos por Ae. albopictus son posibles en Europa.
En diciembre de 2013 Francia notificó dos casos autóctonos confirmados mediante pruebas de laboratorio en la parte francesa de la isla caribeña de St. Martin. Desde entonces se ha confirmado la transmisión local en la parte holandesa de la isla (St. Maarten), Anguila, Dominica, Guayana Francesa, Guadalupe, Islas Vírgenes Británicas, Martinica y St. Barthèlemy. Aruba solo ha notificado casos importados.
Este es el primer brote documentado de fiebre chikungunya con transmisión autóctona en las Américas.
Hasta octubre de 2014 se habían registrado más de 776 000 casos sospechosos de fiebre chikungunya en las islas del Caribe y en algunos países de América del Sur; durante el mismo periodo se han atribuido 152 muertes a esta enfermedad. En México y en los Estados Unidos de América también se han registrado casos importados. El 21 de octubre de 2014 Francia confirmó 4 casos de infección autóctona en Montpellier.

Más información sobre los vectores

Tanto Ae. aegypticomo Ae. albopictusse han visto implicados en grandes brotes de fiebre chikungunya. Mientras que Ae. aegyptiestá confinado a las zonas tropicales y subtropicales, Ae. albopictustambién está presente en regiones templadas, e incluso templadas-frías. En los últimos decenios Ae. albopictusha salido de Asia y se ha establecido en algunas zonas de África, Europa y las Américas.
En comparación con Ae. aegyptila especie Ae. albopictusprospera en una variedad más amplia de acumulaciones de agua que le sirven de criaderos, tales como cáscaras de coco, vainas de cacao, tocones de bambú, huecos de árboles, charcos en rocas, además de depósitos artificiales tales como neumáticos de vehículos o platos bajo macetas.
Esta diversidad de hábitats explica la abundancia de Ae. albopictusen zonas rurales y periurbanas y en parques urbanos sombreados. Ae. aegypti está más estrechamente asociado a las viviendas y tiene criaderos en espacios interiores, por ejemplo en floreros, recipientes de agua y tanques de agua en baños, además de los mismos hábitats exteriores artificiales que Ae. albopictus.
En África se han encontrado varios otros mosquitos vectores de la enfermedad, entre ellos especies del grupo A. furcifer-taylori y A. luteocephalus Hay indicios de que algunos animales diferentes de los primates (roedores, aves y pequeños mamíferos) también pueden actuar como reservorios.

Respuesta de la OMS

Para luchar contra la fiebre chikungunya, la OMS:
  • formula planes basados en evidencias para gestionar los brotes;
  • proporciona apoyo y orientación técnica a los países para que gestiones eficazmente los casos y los brotes;
  • presta apoyo a los países para que mejoren sus sistemas de notificación;
  • junto con algunos de sus centros colaboradores, proporciona formación a nivel regional sobre el tratamiento, el diagnóstico y el control de los vectores;
  • Publica directrices y manuales para los Estados Miembros sobre el tratamiento y el control de los vectores.
La OMS anima a los países a crear y mantener capacidades que les permitan detectar y confirmar casos, atender a los pacientes y poner en práctica estrategias de comunicación social para reducir la presencia de los mosquitos vectores.